Crónicas de Bascula IV

Luego de las 24 horas pasadas, me permitieron consumir aguas claras cada una hora por otras 24 horas, una forma decente de decir que solo podía tomar 60cc (2onz) de infusiones y consomés – y agua claro- .

No sentí hambre, de vez en cuando ansiedad, y se explotaba cuando olía que llevaban comida a otras habitaciones, pero en verdad nada traumático. A veces no podía tomar todos los vasitos que me llevaban, me sentía “llena” o simplemente no me apetecían. Sentía muchos gases, eructos básicamente, eran incomodos, MUY incomodos, me oprimían el pecho pero mientras caminaba más menos gases incomodos tenia.

En el transcurso de esas 24 horas de líquidos, me di cuenta de lo pequeñas que iban a ser la raciones comparadas con las que antes consumida, eso me preocupaba – y todavía lo hago-, es como conocerse de nuevo, aprender cuando en verdad no puedes comerbeber porque sino vomitas – menos mal no volví a incurrir en esa falta -.

Me di cuenta de la cantidad de cambios que debía comenzar a asumir para el resto de mi vida.

M.

 

 

 

Crónicas de Bascula III - Primeras 24 horas

Cuando llegue a la sala de espera recuperación, estaba bastante tranquila, en verdad creo que todavía no caía en cuenta que ya era hora de enfrentarse a la operación.

 Lo típico, te mandan a quitar toda la ropa y te obligan poner la batica y el gorrito azul hospital, te toman la tensión, agarran la vía y te colocan suero y otras bolsitas - no me ocupe de preguntar que eran -.

De las tres personas que entremos juntas a la sala de recuperación fui la ultima en entrar a quirófano. Cuando llego mi turno de entrar a quirófano  me llegan en la camilla y al entrar me consigo con un gentío; de las pocas veces que me han operado siempre me ha sorprendido la cantidad de personas que se necesitan para una operación; en ese momento, extrañamente -incluso para mi-, estaba tranquila, feliz… no sabría definir realmente lo que sentía. Me colocaron unos parches, y la anestesióloga, se despidió de mi, me deseo dulces sueños.

Y una hora y media después estaba luchando para despertar, mientras el doctor me decía que todo había salido bien, y un dolor espantoso en el abdomen. Caí en cuenta que me había operado. 

La estadía en la sala de recuperación fue horrible, me dolía el abdomen por la operación, tenia calor, y de repente llegaron las nauseas, aunados a la preocupación porque NO podía vomitar. Obviamente no lo logre, y menos cuando mi vecina recién operada lo único que hacia era quejarse y hacer arcadas.

Tenia cinco incisiones en el abdomen, chiquitas y cubiertas con algún adhesivo medico, me dolía el abdomen como si hubiese hecho millones de abdominales. Sí, en más de una oportunidad me cuestione sobre la decisión de operarme, si había sido la mejor opción, de cómo sería el resto de mi vida con el estomago reducido…

Ya en la habitación el dolor seguía y las nauseas iban y venían, el doctor me regaño por vomitar pero que carajo, era imposible, aunque odiaba vomitar, no solo por el hecho desagradable de hacerlo sino porque incrementaban el dolor.

En la noche me inyectaron un calmante subcutáneo – que Dios bendiga las drogas- y dormí como un bebe toda la noche, solo me desperté cuando me cambiaban los medicamentos que pasaban por la vida.

La dieta, no podía comer ni beber nada por 24 horas ¿me costo? No, no sentí ni hambre ni sed, solo tenia la boca reseca pero podía mojarla sin tragar nada.  Esto, que es lo que a todos más mortificaba para mi resulto algo sencillo, fácil de cumplir.

Y puedo decir, sin duda alguna, que lo peor de la intervención son las primera cinco horas, de resto, no hubo mayores restricciones, podía moverme, dormir de lado y caminar.

M.

Crónicas de Báscula II - Horas antes

El día antes a la operación fue el cumple años de mi hermana, y justo el día siguiente ella se iba de campamento y yo tenía la operación. CAOS. Ambas pasamos haciendo maletas de ultima hora, lavando ropa, dejando nuestros cuartos limpios, arreglándonos el cabello, y luego arreglando la casa para el cumple años.

 En teoría la gente debía llegar temprano para irse temprano, pero se fueron a las 11pm. Mi hermana se fue con mis abuelos para irse de campamento al día siguiente, mi papá llevo a mi otra abuela a su casa y yo me quede limpiando con mi mamá con la excusa de ayudarla, pero la verdad es que estaba matando la ansiedad.

No comí de la torta de cumple años, para mantener el ayuno, no me di un ultimo atracón, como leí en algunos blog de personas que se había sometido a la cirugía, tampoco una ultima pea, la verdad no cometí ningún exceso ni los días antes ni el día antes. Solo una dieta ligera.

Me costo agarrar el sueño, pero no me puedo quejar, dormí como un bebé esa noche. Cuando desperté estaba la maleta en el piso, mi mamá se estaba reglando el cabello, y mi papá ya estaba esperándonos. Se sentía como un viaje.

Llegamos a la clínica, mi tía nos estaba esperando, y nos anotamos en una lista de admisión. A las 7am en punto nos llamaron a la apersonas que teníamos cirugías a primera hora, podíamos ir solo el paciente y un acompañante. Yo pensaba que era para asignarnos las habitaciones, pero cuando el ascensor se detuvo me percate que estábamos en el piso quirófanos…

Crónicas de Báscula I – La toma de decisión

Quiero compartir este viaje que comenzó el año pasado y que dentro de poco estará por despegar…

Comenzando el año pasado en una conversación informal con mi mamá, ella me planteó la posibilidad de someterme a una cirugía bariátrica, yo descarte la opción porque sentía que no había agotado todas las opciones no invasivas, así que decidí ir al nutricionista al que el endocrino me había referido y recomendado, ya que no había conseguí nada anormal con mi hormonas ni tiroides -aunque mi familia tiene un mal historial en ese tema- .

En mi primera cita con la nutricionista, le hable sobre la opción que me había planteado mi madre sobre la cirugía bariátrica y ella nos dijo – a mi y mi mamá- que la opción era buena pero que la decisión era mía. Decidí iniciar un plan nutricional , los primeros tres meses fueron fabulosos, perdí alrededor de 12 Kgs pero luego, me estanque y comencé a frustrarme, y volví a comer como lo hacia antes, y abandone el plan nutricional,  y cuando me di cuenta que esa mi actitud siempre que pasaba por lo mismo comencé a considerar la CB.

En diciembre el 2013, luego de meses intentando mantenerme irme con la dieta, decidí que la CB era la salida para la obesidad –una enfermedad- y le pedí a mi nutricionista que me recomendara uno. Tome la cita, fui con mi mamá, nos explicaron cuales eran todas la posibilidades dentro de la categoría de cirugía bariátrica y me la que más me gustaba –con sus pros y cons- fue la manga gástrica, y a salir de la consulta sabia que ese el era el camino que quería recorrer.

En febrero comencé a ir al psicoterapia, porque sabia que había muchas cosas en mi vida que tenia que solucionar, y en consulta entendí que la obesidad no era solo una enfermedad sino también el resultado de un cumulo de situación sin resolver. UN peso que me inmovilizaba a solucionar y continuar con mi vida, tanto metafórica como literalmente. Lo que me hacia estar más firme en mi decisión de incursionar en el camino de la cirugía bariátrica.

Problemas con el seguro, luego con mi papá porque no quería que me sometiera a la intervención, luego más problemas con el seguro y al final con el dinero porque el seguro no cubre la cirugía, pero siempre con la meta entre ceja y ceja, de someterme a la cirugía y salir de la obesidad, y así hace solo un par de días atrás me fijaron fecha de intervención para este jueves 24 de julio ’14.

M. 

XVIII

Las cosas no han sido fáciles últimamente. El país es un desastre, la calle es un caos, las personas son ilegibles, la economía se desploma, los sueldos no alcanzan, la comida no se consigue, el maquillaje ya no se compra, la universidad ya no es un camino sino un desvió, el país es una cárcel, un titulo que se aproxima y no alegra,  el trabajo ya no inspira, un jefe que no toma cafe sino te, una operación que no llega, un oferta que se diluye, unos pasajes que no se consiguen, un viaje que necesita un milagro, aves que no vuelan, medicinas que no curan sino enferman, unos pies con grilletes, un Dios que no escucha, un Gobierno que no gobierna… Una desesperanza infinita.

Drinking is an emotional thing. It joggles you out of the standardism of everyday life, out of everything being the same. It yanks you out of your body and your mind and throws you against the wall. I have the feeling that drinking is a form of suicide where you’re allowed to return to life and begin all over the next day. It’s like killing yourself, and then you’re reborn. I guess I’ve lived about ten or fifteen thousand lives now

Charles Bukowski

PD: Thanks Mr. F to share this quote with me.